Chía, una de Los Planetas

Empiezo con una pregunta: ¿qué pueden tener en común la Semana Santa y la música ‘indie‘? Espero que Nani Castañeda no entre a estropear la respuesta. Por que la hay. Sin duda alguna la hay. Al menos en Granada. Permitidme que me vaya al pasado, no muy lejos, pero sí unos años atrás.

Granada. Finales de los 60 comienzo de los 70. Barrio de Santa Paula, en pleno centro de la capital. Por esas calles correteaba un niño llamado E. Ese niño, como todos los niños de su edad, más en ese barrio, situado a espaldas de la Gran Vía, veía, con más o menos pasión, los pasos de Semana Santa que procesionaban por su entorno. Pero había una cofradía que le llamaba especialmente la atención, la conocida popularmente como la de las Chías.

Chías de la hermandad de la Soledad (antes de Santa Paula)

Chías de la hermandad de la Soledad (antes de Santa Paula)

Cualquier niño de cualquier generación ha sentido una mezcla de curiosidad y pánico al contemplar la espectral y monstruosa figura de ese heraldo de la muerte, escondido tras un estrafalario ropaje. El efecto era completado por el estridente y agudo sonido de la trompeta que de vez en cuando hace sonar mientras la chiquillería arrecia a voces “Chía, tocaaaaaa”. Pocas estampas más granadinas que esa, salvo la de merendar una Maritoñi con una Puleva de vainilla.

Pues bien, E., el protagonista de nuestra historia, lejos de asustarse, acudía encantado durante todo el recorrido de una procesión que salía y regresaba a la iglesia que había junto a su casa. Hoy, ese templo es un hotel de 5 estrellas. Cosas de la evolución y la caridad bien entendida, esa que empieza por uno mismo. Un día, E., le dijo a su madre: “yo quiero ser Chía”. El soponcio fue mayúsculo aunque el deseo no pudo ser satisfecho, dado que el niño ni daba la altura ni los padres andaban por la labor. Pero E. insistió y le tuvieron que regalar una corneta. Y el niño, que dejaba de serlo para entrar en la maravillosa adolescencia, no tiene otra cosa que hacer que meterse en la banda de la OJE, es decir, una agrupación musical de reminiscencias franquistas en las que E. daba rienda suelta a sus ávidos deseos de ser músico.

Resulta que E. tenía un hermano que formaba parte de una organización semiclandestina de orientación marxista y revolucionaria. Granada es así. Lo mismo hay una misa a Franco que una fiesta del dragón. El hermano, al saber que E. estaba en la banda de la OJE le importó un carajo que el niño sólo quisiera ser músico y que la política le inquietara tanto como aprobar física en el ‘Padre Suárez’.  Así que sacó al niño de la banda, pero no de la música.

Años después, E. empezó a fundar bandas de música que lo fueron consagrando como uno de los padres de la escena punk e ‘Indie’ granadina. ‘KGB’ fue la primera y después llegaron ‘Lagartija Nick’ o ‘Los Planetas’, donde Erik (nuestro niño E.) ha tocado el cielo del parnaso musical antes de que la Chía soplara la corneta en su puerta anunciando el paso de la parca.

Historia inspirada en hechos reales

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