Esqueleto

 

A fuerza de arrancarme la piel

mi esqueleto ha quedado desnudo

y tirado sin protección

sobre la playa de restos y escombros

de lo que un día quise ser.

 

Las mentiras castañetean entre los dientes

atrapadas en un bucle infinito,

en una cárcel de nácar diferente

a lo que cantaron otros que sí fueron poetas.

Qué de bello puede tener una cárcel;

qué verso puede acariciar en su pentagrama

la anaranjada herrumbre del barrote

que atrapa la causa mortal de la derrota.

 

Este amasijo de huesos sin carne

ni musculo, ni vida, ni tildes, ni verbos,

refleja la cegadora luz de un sol quebrado

abrasando un futuro desperdiciado

en un presente mal jugado.

 

Alzo una bandera blanca que no es derrota,

ni siquiera sujeta la rendición deseada…

alzo la bandera con la que despido mis fracasos,

con la que cubro la osamenta desmembrada,

la que antaño sujetó mis sueños,

mis miradas, tus manos.

 

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