Relojes de luna

El reloj de sol quedó varado
a las doce en punto de la noche
en el rompeolas turbio de una resaca.
A esa hora los guijarros huyen
del frío madrugador y de las botellas
lanzadas desde la carretera con deseos
y promesas rotas o por reconstruir.

A esa hora, la luna de agosto
acapara el cielo de tu boca
descolgando enanos locos
que pronuncian tu nombre
como un mantra estival e hipnótico
haciendo en tus dientes un grafiti
de sueños y sal y pleamar.

El reloj de sol espera
en la dársena del día que nace
para iniciar la cuenta atrás
hacia una nueva noche de luna llena
piedras heladas y camas vacías.

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