Alejandro Otero y la memoria

Esta semana, el Partido Popular se ha descolgado con una de las suyas. No les ha bastado con el ridículo de ser obligados por una sentencia judicial a retirar un monumento en memoria del padre del fascismo español que ahora salen con otra. Esta claro que su posición como herederos ideológicos y morales del franquismo les pesa más que el hecho de que nuestro país sea una democracia consolidada en el contexto de la Unión Europea. La derecha española, hija del caciquismo y de los golpes de estado, no podrá quitarse nunca el lastre de ser muy poco democrática y muy profascista.

 

Portada de la biografía de Otero

Biografía de Otero

Me explico. El Gobierno de la Junta de Andalucía, recogiendo las solicitudes al respecto, decidió nombrar al Hospital del PTS: Alejandro Otero. Es muy probable que no sepas quién es. En ese caso te recomiendo que leas la excelente biografía que de él escribió la doctora Enriqueta Barranco, y que editó Caja Granada hace unos años. En ese libro se hace una prolija descripción de una de las figuras médicas, intelectuales y políticas más importantes de la España del primer tercio del siglo pasado.


Por resumir un poco: Otero, gallego de nacimiento, fue Rector de nuestra Universidad y catedrático de la Facultad de Medicina, en un momento en el que ese centro de formación era el caldo de cultivo más importante de la sociedad política de la Granada prerepublicana.
A Otero, junto a otros compañeros de profesión, se debe el actual edificio de Medicina, siendo también uno de los padres del desarrollo urbano de la ciudad por esa zona, en aquel momento un pozo de pobreza, hambre y enfermedades.


Otero era uno de los líderes del PSOE de la época, todo un referente para la izquierda de Granada. Su peso era tal que, junto a su alter ego entre los conservadores, el también catedrático de Medicina y ex Rector de la UGR, el profesor Pareja Yébenes, proclamaron la II República en el balcón del Ayuntamiento, y ambos acudieron a ver al Gobernador Civil para exigirle que no provocara un derramamiento de sangre y dejara que la ciudadanía se expresara alegremente ante el advenimiento de una nueva época en España.


Estos datos sirven para dar dimensión a la figura de Alejandro Otero, nombre que el PP quiere borrar del lugar que merece.


Pero hay más. Otero, cuando la derecha que es madre del actual PP dio el Golpe de Estado del 18 de julio del 36, formó parte del Gobierno legal y legítimo de la República, dirigiendo el departamento encargado de comprar armas para abastecer al ejército que defendía la Constitución del 31. Os recuerdo que las potencias europeas decidieron llevar a rajatabla una política de no intervención que se manifestó, por ejemplo, con el cierre de la frontera hispanofrancesa impidiendo la llegada de armamento al Gobierno de Azaña y Negrín. Mientras, la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini bombardeaban Guernika y Málaga respectivamente.


Alejandro Otero murió en Méjico, exiliado, como tantos y tantas. Murió ejerciendo su profesión, la misma que en Granada le dio el nombre que los fascistas borraron de la HIstoria de la ciudad, el nombre que sus herederos pretenden depurar de nuevo mientras nos tuvimos que tragar durante décadas el de Ruíz de Alda en letras doradas en el Hospital Virgen de las Nieves.

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